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Finalmente Alemania doblegó a Grecia


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El ultimátum de Europa a Grecia, pidiendo la capitulación completa como precio del nuevo rescate, que precedió al acuerdo del lunes marca el fracaso de una rebelión por parte de un pequeño y endeudado país contra las políticas de austeridad de sus acreedores, luego de que Alemania hiciera valer su peso y le ofreciera a Atenas una elección entre obediencia o destrucción, destaca Marcus Walker en The Wall Street Journal.
ALEMANIA-DOBLEGA-GRECIA
La declaración del domingo sobre Grecia por parte de los ministros de la zona euro se recordará como una de las más brutales maniobras políticas en la historia de la Unión Europea, un bloque construido para impulsar la paz y la armonía que ahora amenazó públicamente a uno de los suyos con la ruina, si no se rendía.

La presión ejercida el fin de semana también pone de manifiesto las grietas entre los acreedores de Grecia —en especial entre Alemania y el Fondo Monetario Internacional— conforme el costo de mantener a Grecia dentro del euro se escapa de control. El FMI había instado a Europa a darle cierto alivio a la deuda de Grecia, algo a lo que Berlín se oponía.

El gobierno griego del primer ministro Alexis Tsipras, que ha pasado todo el año desafiando las políticas de rescate de Europa, ha terminado casi como un paria sin poder en su continente, aunque es políticamente dominante dentro de Grecia. La única opción que le quedaba para desobedecer —caer en cesación de pagos y abandonar el euro— satisfaría más que horrorizaría a muchos de sus críticos europeos, encabezados por el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble.

La capitulación del gobierno de Tsipras ante la fuerte presión de los acreedores agradará a muchas autoridades europeas. En Berlín y otras capitales del norte de Europa, funcionarios no se han esforzado por ocultar su opinión de que no pueden confiar en que Tsipras cumpla con su parte del rescate. Pero la mayoría de los funcionarios saben que la caída de Tsipras tras sólo seis meses en el poder plantearía preguntas incómodas sobre el alcance de la democracia en una Unión Europea que se presenta como un faro de la soberanía popular para el mundo.

Desde que fue elegido en enero, Tsipras osciló entre sus asesores de línea dura y los pragmáticos, señalan funcionarios griegos. Se inclinó por los primeros. Apostó a que la canciller alemana Angela Merkel tomaría una decisión fundamentalmente política de mantener a Europa unida, aún a expensas de la ortodoxia económica alemana.

Resultó ser un enorme error de cálculo. Arrinconada por el referéndum de Tsipras, en el que los griegos rechazaron abrumadoramente las demandas de austeridad de sus acreedores, Merkel endureció su postura. Un acuerdo con Grecia que le permitiera evitar duras medidas económicas sería peor para Europa que fracturar la zona euro, argumentó.

La Europa oficial, parece, puede jugar duro mejor que Tsipras. Alemania, tras ser provocada, resultó estar más dispuesta de que lo creía el primer ministro griego a contemplar una salida de Grecia del euro.

Sin embargo, la medición de fuerzas desigual del fin de semana pasado que culminó con el acuerdo del lunes no puede considerarse una simple victoria para Alemania y sus aliados. Merkel quería prestarle dinero a Grecia a condición de que se reformara, y recuperar el dinero en un tiempo razonable. Ahora el costo de mantener a Grecia a flote en el euro será mucho más de lo que Merkel preveía originalmente.